La magia de la lectura II

“Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado. Casi 70 años después recuerdo con nitidez esa magia de traducir las palabras en imágenes”

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura.

En el anterior post de la magia de la lectura, te hablé del increíble y maravilloso poder que tiene, en los más pequeños, la lectura. ¿Pero qué ocurre con los que ya han pasado esta etapa? ¿No tienen derecho a disfrutar de este enorme placer? ¿Ya es demasiado tarde para ellos?

 

¿Cuántas veces has escuchado o dicho…?

Uuuf mi sobrino, le tiene fobia a los libros.

¿Mi hermano leer? Como mucho los whatsapp.

Es muy tarde ya para mi hijo…

 

Y lo peor de todo es que las personas que decimos estas frases las soltamos como si nada. Y, si te paras a pensar, tienen un significado siniestro. Estamos menospreciando a sus hijos, sobrinos, hermanos, amigos, etc. y alejándolos de un mundo de imaginación, ilusión y diversión.

 

Somos conformistas y si queremos conseguir nuestros sueños, no podemos quedarnos con lo que nos dicen, con lo que nos dan, con lo que es adecuado para nuestra clase social. NO, necesitamos luchar, y sobre todo nunca dar por hecho nada.

 

No des por hecho que a tu hijo no le gusta leer, lo único que le ocurre es que aún no ha encontrado el libro que le invite a entrar en ese mundo y cuando lo encuentre, LEERÁ.  

 

Quizás todos los problemas, todas las prohibiciones estén en nuestra mente. Si tú te dices a ti mismo que no puedes, da por hecho que NO PODRÁS. Es posible que cueste pensar de esta manera con uno mismo, si es así, te recomiendo que pienses en que tu hermano, primo, amigo, hijo SÍ QUE PODRÁ. Sólo necesita que lo animes y verás que la mente es la que le estaba diciendo que la lectura era un rollo. Su forma de pensar seguramente se empezó a crear a una edad temprana por una mala presentación con la lectura, pero nunca es tarde para reconciliarse.

 

Y esta mente conformista y negativa nos está llevando, como vemos a diario en los telediarios, a ser personas más prepotentes, maleducadas, irrespetuosas, abusonas, maltratadoras, etc. ¿Y qué tiene esto que ver con la lectura, te preguntarás? MUCHO. Mientras lees, tu mente está viviendo las experiencias del protagonista de tu libro, está empatizando con todo lo que le ocurre, y de esta manera nos convertimos en seres más reflexivos, sensibles y empatizamos mejor con el prójimo.

 

Pero ¿y si en vez de leer, mi hijo prefiere ver una película que le ayuda a empatizar, pensar, reflexionar…? ¿No es lo mismo?

 

La única diferencia entre un buen libro que te haga reflexionar y una buena película que también lo haga, es la manera en cómo lo vive nuestro subconsciente. En una película estamos viendo a unos actores, que sin duda pueden ser muy buenos, interpretando un maravilloso papel de una pareja de enamorados, ambos con cáncer, como por ejemplo en “Bajo la misma estrella”, una hermosa película que te enseña a valorar la vida, el amor y te hace empatizar con estas personas que padecen la enfermedad. Pero leyendo el libro, el cual se escribió antes que la película, podemos sentirnos esa persona, experimentar con mayor intensidad el dolor, el amor, la pérdida, las emociones, entendiendo, por supuesto, que nunca se puede sentir lo mismo, ni mucho menos, que una persona que realmente lo padece. Éste, por lo tanto, es un proceso que conlleva un mayor cambio en nuestra mente, y nos hace crecer como personas. Por este motivo un libro es mágico. Porque, en cierta manera, al leerlo nos metemos en la piel de ese protagonista y podemos llegar a ser distintas personas, sufrir diferentes enfermedades, vivir en distintos lugares del mundo y en distintas épocas o, incluso, pertenecer a distintas clases sociales. Durante el proceso de lectura se activan diferentes parte del cerebro, dependiendo de lo que hay escrito en esas páginas y, por lo tanto, no sabe diferenciar lo que es real de lo que estamos leyendo. Eso es lo que los hace diferentes a una película. Al leer estamos creando innumerables conexiones sinápticas, que en la vida real nos ayudarán a abordar distintos problemas que aún no hemos afrontado nunca.

Ahora sabiendo esto. ¿Quieres que tus hijos, sobrinos, hermanos, amigos, sigan con su vida de no lectores, sin tener la oportunidad de experimentar todas estas cosas? ¿O bien te gustaría empezar a crear una bonita relación entre él o ella y la lectura?

 

Deja de echarte la culpa de no tener hijos, alumnos, sobrinos lectores… y actúa para poner remedio. Es cierto que tal y como está hoy en día establecida la educación en torno a la lectura es complicado que esta relación llegue a buen puerto, pero si sabes cómo, podrás poner remedio.

 

Aquí te dejo algunos consejos para que empieces hoy mismo a crear ese vínculo tan especial entre el joven y la lectura.

 

¿Qué hacer para que nuestros jóvenes amen la lectura?

 

  1. Deja que decidan por si mismos.

Pon a su disposición material de lectura que pueda interesarles. Piensa en sus intereses y hobbies. Además los adolescentes suelen sentirse atraídos por protagonistas que son de su misma edad, que comparten sus mismo problemas…

 

  1. Comparte con ellos sus lecturas.

Emocionate junto a ellos, invítalos a hablar de la hermosa historia de su libro. Incluso, y esto puede ser una gran recompensa por así decirlo, yo lo he hecho y lo sigo haciendo mucho conmigo misma, obsequiándoles con ver la película de ese libro, si es que existe. Es cierto que esto a mucha gente no le sirve, hay muchas películas que no son del todo fieles a sus libros y, desgraciadamente, se dejan muchas cosas en el tintero. Pero a mí personalmente, me gusta ver las dos versiones y comparar. Sale siempre ganando el libro, pero me encanta ver como unos actores dan vida a la joven con la que llevo conviviendo durante semanas en mi cabeza, o a ese chico del cual siento una especie de cariño especial después de estar leyendo sus aventuras durante semanas y conocer sus sentimientos más ocultos.

  1. Regala libros.

Siempre que tengas ocasión es la mejor opción. Y, como opinión personal si es de papel, mucho mejor. Sostenerlos, pasar las páginas, olerlos, nos hacen amarlos y encariñarnos más con ellos.

 

  1. Y en el caso de que seas un educador, NO OBLIGÁNDOLE A LEER SINO INVITÁNDOLE A QUE LEA ESA MARAVILLOSA HISTORIA QUE TIENES EN TUS MANOS.

Muéstrasela con ilusión, vendésela con entusiasmo. Lo mejor sería que ellos pudiesen elegir, pero ya sabemos que la educación nos impone ciertas normas ininteligibles, que hemos de llevar a cabo. Si éste es tu caso, ofrécele ese libro como el mejor libro del mundo. Y sobre todo: no le presiones con hacerle después un examen. Invítale a que reflexione sobre él, que exprese lo que ha sentido… etc.

 

Nunca es tarde para amar la lectura, sólo tenemos que saber cómo presentarles esta magia.

 

En el próximo post, último de esta serie, os hablaré sobre la magia de la lectura en nosotros, aunque muchos de los consejos de hoy pueden adaptarse a los más maduros del hogar. ¡Os espero! Y si te ha gustado este post, no dudes en compartirlo y comentarlo con tus amigos y conocidos.

Disfruta de la lectura en familia 🙂

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