La mirada de tu corazón

Si miras con los ojos no verás lo que la vida tiene que mostrarte, abre tu corazón y mira a través de él, solo así comprenderás la verdad.

Recuerdo como si hubiese sucedido ayer, la primera vez que vi mi reflejo. Tenía tan solo dos años y pasé por delante del espejo de la habitación de mamá con mi paso torpe, similar al de un tentetieso. Me paré frente a él y vi el rostro de un niño. «Ese no soy yo, yo soy una niña», pensé. Y asustada, corrí, con las lágrimas en los ojos aún esperando resbalar por mis mejillas, hacia mi madre. Ella me sonrió, pensé que no me comprendería, pero olvidé que las madres siempre lo hacen, porque ellas no nos ven con los ojos sino con el corazón. Me asió en sus brazos, limpió el bálsamo que mi corazón dolorido había vertido sobre mi rostro y me llevó de nuevo frente al espejo. Ambas miramos nuestros reflejos, y volví a ver a ese horrible niño, pero ahora, sobre los brazos de mi mamá. Oculté asustada mi rostro en su pecho y con dulzura me dijo:

—Tu reflejo no te representa, cariño. Solo es algo que vemos con los ojos. Ciérralos. ¿Qué ves? —me sorbí los mocos y traté de cerrarlos intentado calmar mi temor.

—Una niña —dije con timidez y algo de preocupación por su reacción.

—Pues ahí tienes tu verdadero reflejo, y así será siempre. Tú eres y serás siempre mi princesa.

La abracé, nunca me había llamado princesa y me encantaba pensar que pudiese ser como Ariel de “La sirenita”, ella también era algo diferente por fuera, y cuando consiguió su sueño, todos la seguían amando por su interior. Si lo piensas bien la apariencia es efímera y el tiempo poco a poco la erosiona hasta dejarla irreconocible, pero el alma que es custodiada en su interior siempre se mantiene igual y será ella la que un día ascenderá a nuestro verdadero hogar.

Después de sentirme como una verdadera princesa algo dentro de mí, empezó a rugir y noté como si destripara con sus garras mi falsa apariencia para mostrar su verdadero rostro. Volví a mirar al reflejo del espejo y, esta vez, vi una hermosa niña en brazos de mamá. Entonces los supe. Mi alma se había abierto paso por la falsa fachada de mi cuerpo. La vista nos engaña, el corazón es el único que comprende la realidad.

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Un comentario

  1. Cristina, es muy emotivo 🙂 supongo que lo has hecho por el autobús que circula por Madrid. Y me gusta que hayas escrito este pequeño relato para reivindicar tu idea sobre este tema. Mi más enhorabuena, tesoro <3

    PDA: estoy muy liada y con muchos proyectos encima, pero te prometo darte mi opinión y revisar el borrador de tu novela. No me he olvidado ^^

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