Un sueño de cuatro letras

Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas… así será tu descendencia”

(Gn 5,15).

A lomos de un hermoso caballo alado, blanco como la nieve, sobrevolaba los cielos de un bello paisaje coloreado en tonos pastel. Me sentía libre. El aire susurraba una suave melodía haciendo que todo mi cuerpo se estremeciese ante la sutil caricia del viento. Con una sonrisa despreocupada dibujada en mi rostro miré a cada lado, primero derecha y luego izquierda. Nada. Tan solo yo, mi caballo y el viento. Nada podía hacerme sentir tan viva.

Una voz me sacó de mi ensoñación. Era mi madre «como siempre», pensé. El momento en el que me percataba, muy a mi pesar, de que seguía en este mundo era frustrante. No conseguía acostumbrarme al mundo real. Por este motivo aunque mi cuerpo seguía estando en él, mi alma divagaba entre mundos muy lejanos al real. Mundos imaginarios, que me permitían soñar y ser especial.

Pasé una hermosa infancia soñando con ser algún día la protagonista de algunos de aquellos mundos mágicos. Donde habitaban bellos animales parlantes, objetos animados, seres mágicos y apuestos príncipes cuya única misión era salvar a sus princesas y amarlas para toda la vida. Un lugar remoto donde las únicas preocupaciones de sus protagonistas se regían por pequeños conflictos llenos de aventuras. Un mundo muy distinto al mio, donde la crueldad de la sociedad intimidaba y encarcelaba mi inocencia. Por eso, siempre que podía, cerraba mis ojos y me refugiaba en ese mundo creado a través de mi imaginación, un lugar en el cual nadie ni nada podía dañarme, o eso creía. Pero mi gran aventura no había hecho más que empezar.

Mi historia se escribía a medida que iba creciendo. Como todas las historias de cada uno, era algo egocéntrica pues todo giraba en torno a mí, pero había algo más que era el verdadero corazón de mi trama, mi sueño. Un sueño por el cual debía de luchar para verlo cumplido.

Conforme crecía mis personajes e historias evolucionaban junto a mí. Esto ocurrió mucho antes de lo que hubiese deseado. De hecho una de mis fantasías era convertirme en uno niños perdidos del País de Nunca Jamás, pero la realidad me lo impedía. Y el paso del tiempo me arrastró como el tronco que flota sin rumbo por un río agitado, hasta mi preadolescencia. Dejando de lado aquellos seres fantásticos, con los que tantas horas había pasado. Con un ápice de melancolía, evitar que cayeran en el mundo de los recuerdos olvidados, decidí guardarlos en una pequeña guarida que se había creado con el tiempo en mi corazón, para más adelante poder recuperarlos y transformarlos en historias increíbles.

Mis ensoñaciones por aquel entonces me llevaban a lugares y situaciones más reales. Ahora me veía convertida en una hermosa joven inmersa en una preciosa historia de amor. Donde los únicos protagonistas éramos: mi apuesto pretendiente, capaz de hacer cosas inverosímiles para conquistarme y ganar mi amor, y yo. Pero algo estaba a punto de nacer en aquel maravilloso mundo, consecuencia de la cruel sociedad y materializado en el reflejo de mi espejo. El peor antagonista de mi historia, resulté ser yo misma.

A entrando en la adolescencia, los horribles villanos que cree en mi mente, empezaron a vagar a placer por mi placentero y pacífico mundo. No me quedaba refugió alguno donde poder acudir. Por lo que, poco a poco, los villanos fueron ganando terreno y se convirtieron en los dueños y protagonistas de mis historias, perturbando todo mi ser. Crecían ferozmente alimentándose de mis sueños e ilusiones. Y, sin darme cuenta, mi principal sueño, el más grande y consistente que guardaba en el centro de mi corazón, se consumía como la cera de una vela encendida. Hasta llegar a desaparecer por completo.

Una noche de invierno fría y excesivamente oscura, debido a que la luna se ocultaba tras una densa nube oscura interrumpiendo de este modo que su luz llegue a los corazones de la gente. Me encontraba sola, más de lo normal. «¿Será debido la oscuridad que se impone con furia en el exterior? ¿O bien será la que alberga mi alma?», pensé. Llevaba meses sumergida en mi misma, pues ningún mundo me podía proteger, de modo que me encerré en el interior de un oscuro laberinto, del que, al parecer nada ni nadie sabía la salida. El aquel instante en el que ya empezaba a creer que nunca conseguiría salir de allí un brillante destello ilumino mi camino.

La extraña luz provenía del exterior, a pesar de ser una noche completamente negra, y su proyección finalizaba, como si se tratase de un láser como los que utilizan los niños para realizar travesuras a sus profesores, sobre mi corazón. No me sentí asustada, si es lo que estás pensando, pues una luz no puede ser peor que lo que yo albergaba en mi interior. Nada podía asustarme, vivía bajo un miedo constante y parecía haberme acostumbra.

Sentía mucha curiosidad, pues aquella luz no sólo la había percibido con un único sentido, sino que también podía escuchar un susurro suave que apareció justo cuando la luz tocó mi pecho. En ese momento, no conseguí entender que me decía, así que me decidí acercarme más a su lugar de origen. Me levanté de la cama. Aquel inexplicable fulgor no iluminaba en absoluto mi cuarto, más bien era una especie de espectro que solo yo podía ver. Fui lentamente hacia la ventana. Estaba entreabierta, «mamá se la debió de dejar abierta sin querer anoche», pensé. Una gélida sensación penetró todo mi ser. Me estremecí. Sentí como el aire tenebroso quería penetrar mi cuerpo, pero esta vez no pudo. Por primera en meses aquella dolorosa sensación no consiguió entrar en mí. Algo se lo impidió. «¿Pero el qué?», pensé. Aquella profundidad en la que me ahogaba lentamente, me había dado un respiro.

La luz se interponía sobre la colosal negrura. Era mi salida hacia la superficie. Allí di por sentado que encontraría mi oxígeno. Decidí seguir con la mirada el fantasmal hilo de luz hasta lo que creí que era su nacimiento. «¿Una estrella? ¿Es el simple reflejo de una estrella que, posiblemente, lleva miles de años muerta?», pensé. La miré, absorta, sin darme cuenta del rato que llevaba embelesada.


En silencio y bajo el único sonido que se interponía entre mis pensamientos y aquella luz, el lento y uniforme tic tac del reloj, pude escuchar su dulce susurro y con él una chispa renació en mi memoria. Un recuerdo afloró en lo más recóndito de mi ser, como una pequeña semilla que llevaba tiempo sin ser regada y de repente alguien la recuerda y la riega. Mi sueño.

Después de aquel suceso, volví a sentir palpitar mi corazón. Un latido que había dejado de escuchar durante años y ahora hacia vuelto a sonar, gracias a una pequeña palabra de tan solo cuatro letras. Aquella única palabra que llegó a mí desde aquella extraña estrella, fue lo único que durante días escuché en mi cabeza. Un poderoso sentimiento se apoderó de todo mi ser, me sentía feliz y, poco a poco, la imagen de mi reflejo a la vez que los villanos se fueron transformando. La primera dibujó, frente a mí, una mujer con un brillo en sus ojos que iluminaban como dos farolas en plena noche. Y la segunda, fue distorsionándose, como una fotografiar mal enfocada, hasta que desapareció. Dejaron de tener por completo el poder de mi vida, dejando paso a nuevas ilusiones que ayudaban a alimentar aquella luz que cada noche brillaba con más intensidad.

No sé si fue la luz, si fue la locura de la soledad o simplemente el paso del tiempo lo que me ayudó a volver a ser yo misma, pero lo que está claro es que fuese lo que fuese aquella voz, tuvo mucho que ver. Y justo cuando mi sueño estaba a punto de morir de inanición, lo recuperé. Fue aquella dulce voz la que lo alimentó, ayudándolo a crecer con más fuerza que nunca en mi interior.

Cada noche me pasaba horas, sin preocuparme por el tiempo que corría a mi alrededor, mirando aquella lejana estrella. Me encontrase en el lugar donde me encontrase, con el cielo cubierto o despejado, siempre estaba ahí para mí.

Los días dejaron paso a las noches, los meses a los años y un día me desperté feliz con lo poco o mucho, según se mire, que tenía. Mi familia, mis amigos, mis animales, mis experiencias, mi sueño. Me sentía, por primera vez en mi vida, a gusto conmigo misma. Agradecida por todo lo que se me había dado. Y como un regalo caído del cielo, me llegó la esencia que me llevaría a hacer realidad mi sueño. El amor. Un amor que superaba todas aquellas historias que tanto me habían hecho soñar despierta de pequeña. Me convertí, sin darme cuenta, en la protagonista de una hermosa historia de amor.

Cada noche la luz de mi estrella centelleaba con más fuerza, y su susurro se había convertido en una melodiosa canción, para mi corazón. Mi sueño había cobrado toda la fuerza que un día se le robó, para acabar siendo todo lo que daba sentido a mi vida. Una noche mirando a mi estrella no solo escuché tu canción, sino que un hermoso rostro se reflejó en ella, era como el de un ángel, pero yo sabía que eras tú. Y, entonces, lo supe. Estaba formulando mal la frase, no era mi estrella, era tu estrella.

Desde entonces miro observo desde la ventana como mi sueño sigue descansando en paz bajo la claridad de una cálida estrella. Tú voz, se convirtió en mi sueño y tu rostro en mi único anhelo. Hoy sigo alimentando tu luz para que cuando decidas bajar, sepas cuanto te deseé y amé y lo bueno de todo, es que aún no sabes todo el amor que albergo en mi corazón únicamente para ti.

A miles de años luz, en una bella morada iluminada por una cálida luz, habita una inocente alma. Esperando con anhelo bajar a la tierra para iluminarla con su luz y así cumplir un sueño. Mientras tanto, la pequeña alma sigue susurrando su poderosa palabra, de sólo cuatro letras: MAMÁ.

¿Fin?

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7 Comentarios

    • Gracias Mari 🙂 siempre tan fiel y atenta a mis historias. Eres un sol. Por cierto, en esta tienes parte de protagonismo XD gracias a ti que lo diste a luz, encontré a mi príncipe 🙂

      Mil besos y gracias por leerme siempre <3

  1. Que bonito Cris, el día que baje tu estrella será la más afortunada, no se imagina la suerte que tendrá! Muchos besos guapa!! Voy leyendote siempre que puedo ♡

    • Oh 🙂 que bonito lo que me dices 🙂 ojalá algún día tenga mi ángel entre mis brazos 🙂 no se si será el más afortunado, lo que sé es que será muy, muy amado 🙂 Gracias Ione por leerme y por estas palabras <3

  2. Jeje muy bonito Cris! Algún día tu sueño se cumplirá y tendrás 1, 2, 3 o 10 angelitos xD queriendote mucho. 🙂 <3

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