Una segunda oportunidad

“Un sueño solo puede triunfar sobre la realidad si se le da la oportunidad.”

Stanislaw Lem, escritor polaco.

El sonido chirriante de la puerta apagó toda la algarabía que los inquilinos del lugar emitían. Un hombre de unos treinta y cinco años de edad que vestía con unos trekkings, pantalones de montaña gris oscuros y una camiseta azul con el logotipo del refugio, entró cogiendo con su mano derecha una correa que un agitado perro, blanco como la nieve, mordía como queriendo jugar con ella.

Lucas llevaba cinco años como voluntario en la perrera y sabía perfectamente el lamentable estado en el que llegaban. La heridas físicas sanan con el tiempo, pero las psicológicas son las más costosas de curar, pues para alcanzarlas tienes que ser capaz de penetrar en el corazón lacerante del enfermo. El paciente carácter del joven permitían con el tiempo llegar hasta ese organo dañado y rescatar lo que quedase de él. Al percibir el miedo del cachorro, se agachó poniéndose a su altura y con un suave susurro lo intentó calmar.

Tranquilo, compi. Yo sé que eres un buen chico, pronto encontrarás a alguien que también lo sepa ver —dijo mientras acariciaba su cabeza—, pero hasta entonces estarás acompañado de alguien muy especial. —Abrió una jaula. Miró al fondo. Y en una esquina ensombrecida yacía asustada una hermosa hembra de color azabache. Toda ella parecía diluirse en la oscuridad tan solo alguna cana en su hocico que dejaba entrever el paso del tiempo en su rostro y sus tristes ojos la delataban—. Mira, Sombra, a quien te traigo —dijo animadamente.

«¿Sombra?», pensó el agitado perro. Su corazón desaceleró en un instante y una sensación contraria enfrentó su pensamientos: por un lado deseaba que fuese ella, por el otro preferiría que ella no siguiese allí. Aquel conflicto mental lo estaba agotando hasta que finalmente decidió levantar su mirada asustada del suelo y ambos pensamientos se unieron en uno. Al verla sus orejas, antes empinadas por la ansiedad, cayeron hasta quedarse como las ramas de un sauce llorón.

Lucas soltó al nuevo inquilino en el interior de la jaula. Su nuevo hogar. Después de comprobar que sus comederos y bebederos estaban llenos, volvió su mirada y suplicó para sus adentros una segunda oportunidad para ellos.

Bueno, chicos, seguro que tenéis muchas cosas que contaros. Portaos bien. Y, Sombra —dijo mirando a su vieja amiga—, no seas muy dura con él. —Abrió la verja y tras de él la cerró corriendo el pestillo.

En el refugio, Sombra era una de las más veteranas. Sus ocho años de edad y su color negro azabache la condenaban a ser una perra sin más opciones que la muerte. Su fecha de salida de éste ya estaba marcada en el calendario de Lucas, con un gran círculo rojo. Tenía que hacer lo posible porque aquel fatídico día no llegase. «Ésta es, posiblemente, su última oportunidad», pensó.

El recién llegado se acercó tímidamente a la perra que seguía camuflada entre las penumbras. Llevando su cola como si estuviese pegada con super glue a su barriga.

Hola, mamá, sigues aquí —dijo en tono apesadumbrado.

La perra lo miró afligida. Llevaba mucho tiempo confinada en su mundo, donde nada ni nadie podía hacerle daño. Sola resguardada en su propia áurea lúgubre conseguía sentir una sensación que se disfrazaba de felicidad. Pero aquel perro… «No es posible», pensó. Se acercó a olerle.

¿Copo? —dijo con un débil hilo de voz.

El pequeño asintió tímidamente.

Has… has vuelto. —Su mirada apagada se convirtió en vidriosa a consecuencia de las lágrimas que intentaba retener. No podía creérselo—. Pero ¿por qué? —dijo mientras lo cubría de babas de arriba a abajo con su ajada lengua.

Dicen que soy muy nervioso y agresivo y que… no tengo arreglo —dijo agachando avergonzado su mirada.

¿Agresivo? —Rio con dulzura, pero si tan solo tienes siete meses. Eres un cachorro.

Mordisqueé un poquito el sofá y eso no está bien. Me lo hicieron saber de muchas maneras: primero se reían de mi conducta graciosa mientras me decían que eso no estaba bien, luego me echaban del sofá y me gritaban un NO rotundo que conseguía asustarme y, por último, me pegaban para ver si lograba entenderlo. Pero para mí era un juego, me lo pasaba bien, no creí que tuviese mayor importancia. Supongo que tenían razón, ya no tengo remedio. Soy un mal perro —dijo con tristeza.

Oh, no, cielo, solo eres un niño. Has de jugar y aprender qué está bien y qué no a ojos humanos, pero tú no eres un mal perro. Son ellos los que no han sabido comprenderte. No te entristezcas, verás cómo pronto habrá alguien que sepa ver en ti toda la bondad que alberga tu corazón.

El pequeño se acercó a su madre, su olor era inolvidable, le transmitía esa paz y seguridad que, desde su separación, no había vuelto a sentir. Dio un par de vueltas frotándose contra ella, hasta que finalmente se dejó caer agotado, acurrucándose entre su cálida tripa. Hacía meses que no se sentía tan en casa como ahora, a pesar de estar encerrado en una fría jaula de metal.

Me quedaré aquí contigo, hasta que te lleven a ti también —dijo mientras un sonoro bostezo se abría paso, relajando así su alma.

Eso sería mucho tiempo, cariño, desgraciadamente no creo que nadie quiera adoptar a una perra como yo —lo miró directamente a los ojos—, pero tú,Acercó su húmedo hocico al de su hijo.— un hermoso cachorro lleno de vida, pronto encontrarás a la familia que Dios creó para ti. Que te ame tal y como eres, que sepan tener paciencia y educarte y, sobre todo, que te vean como uno más de su familia.

Pero tú

Sombra negó sutilmente con su cabeza adivinando los pensamientos de su hijo.

Yo seré feliz soñando día tras día en lo dichosos y amados que son mis cachorros. Me paso las horas imaginándoos con vuestras familias humanas: jugando, correteando por un frondoso parque verde, comiendo comidas deliciosas… Y el día menos pensado me dormiré para siempre pensando en cuan felices sois. Vosotros sois lo único bueno que la vida me ha dado y siempre estaré agradecida por ello. Cariño soy feliz pensando que tu y tus hermanos sois dichosos con vuestras familias y solo espero que percibáis mi último aliento cargado de amor, como una caricia para vuestras almas.

¿Mamá? —dijo mientras sus ojos se aguaban.

¿Sí, cariño?

¿Los humanos son malos?

No, hijo, ellos solo se equivocan igual que nosotros; igual que tú al romper su sofá, que yo al morder a mi antiguo dueño… Los humanos, al ser seres creados con mayor complejidad, tienen más responsabilidades y quebraderos de cabeza que nosotros jamás podríamos comprender. Por este hecho algunos se acaban extraviando, hasta tal punto que son capaces de dañar a seres tan indefensos como nosotros.

¿Mordiste a tu dueño? —dijo dubitativo.

Sombra afirmó en silencio. Después de tantos años aún cargaba con la culpa por aquel horrible accidente.

Él se enfureció mucho porque yo, creyendo que jugábamos, cogí uno de sus juguetes humanos y me lo llevé. Pero al parecer para él no era un simple juguete y… —Una lágrima brotó por sus ojos— me cogió de la cola y me pegó, no era, ni mucho menos, la primera vez que lo hacía, pero aquella vez su furia se interpuso sobre la razón. Sé que fue un error, pero me sentí completamente indefensa, él seguía golpeándome y yo no podía hacer nada y antes si quiera de pensarlo tenía entre mis dientes su carnoso brazo.

Permanecieron un buen rato mirándose mutuamente; una avergonzada y el otro apenado.

Mami, no tienes que sentirte culpable, él te estaba dañando.

, pero… —Cerró los ojos dejando entrever una cicatriz sobre el parpado— Un perro nunca ha de hacerle daño a su dueño —Volvió a abrir los ojos—. Nuestro amo, sea como sea, es nuestro principal sustento de vida: él nos cría, nos educa, nos alimenta, nos da cobijo… Le debemos mucho y sin saber cómo ni por qué lo adoramos. Y ¿sabes, cariño?, aunque me hizo mucho daño, aunque me obligaba a cazar para él, disparando su temible arma junto mi agudo oído —Desde entonces, uno de sus tímpanos quedó dañado para siempre—. Sigo respetándolo y… amándolo por todos los años que me cuidó.

¿Qué pasó después de que le mordieras?

Un día, como otro cualquiera, salimos a cazar. Me sentía feliz, aunque sufría por el inmenso sonido de las balas que pasaban cerca de mí yo disfrutaba de pasar una mañana a solas con él, solo entonces se mostraba atento y cariñoso conmigo. Yo me sentía útil. Pero… ese día él no cogió su arma —Una lágrima se deslizó por su ahora blanquecino lagrimal—. Me llevó muy lejos, estuvimos como una hora en el coche. Y cuando por fin creí que habíamos llegado me abrió la puerta en mitad de la carretera, me echó del coche y se marchó. Jamás volví a verle —dijo en tono afligido.

¿Sabes? —dijo en tono alegre para animar a su madre.

¿Qué?

Un día en el parque me encontré con Aire. Había crecido mucho y su pelaje brillaba bajo el sol. Jugamos durante horas, o al menos eso me pareció a mí, hasta acabar rendidos en la hierba del parque. Luego su mamá humana la cogió con dulzura, al verme junto a Aire no me reconoció, supongo que mi aspecto no era como recordaba, y juntas se marcharon felices de tenerse mutuamente. Me alegré mucho por ella, pero entonces miré a mi dueño y… me entristecí de no haber encontrado yo esa complicidad.

¿Aire?, ¡oh, mi pequeña! Sí, la recuerdo, casi no le dejabais leche entre tú y tus hermanos —sonrió al recordar aquellos momentos.

¿Mamá, crees que algún día volveremos a estar todos juntos?

Algún día —dijo mientras seguía inmersa en sus pensamientos, moviendo lentamente su cabeza de arriba a abajo. Una tímida sonrisa se reflejó unos segundos en su rostro. Sabía que algún día así seria, quizás no en la tierra, pero volvería a reunirse con todos sus cachorros y entonces, por fin, seria feliz.

La puerta volvió a chirriar. La melodia habitual del refugio se silenció. Los inquilinos se mantuvieron alerta, y algunos incluso se separaban de las puertas de su jaula, intentando ocultarse entre las sombras. El miedo empezaba a correr por sus venas, pues en escasas ocasiones esa señal era síntoma de un acontecimiento positivo, pero, esta vez, se equivocaban. Una mujer de unos treinta años de edad apareció cogida de la mano de una hermosa niña de no más de cinco años. Ambas seguían, una en silencio y la otra dando saltos y hablando por los codos, a Lucas, el voluntario que hacía unas horas había dejado a un asustado cachorro en el interior de una oscura prisión embarrotada junto a Sombra, su madre.

La pequeña se acercaba animadamente a todas las jaulas que envolvían el largo pasillo. La madre en cambio observaba desde la lejanía. Hacía tiempo que su mundo se había eclipsado por culpa de su marido, y vivía en el interior de una burbuja de la que en pocas ocasiones salía.

¿Estás bien? —le preguntó Lucas aparentemente sereno, mientras en su interior su corazón palpitaba con furia al mirarla.

Un día hace ya seis meses, ambos se vieron por primera vez en el lugar menos esperado, pero como dicen: las cosas pasan cuando han de pasar, y la vida está llena de sorpresas. Y así mientras ambos esperaban para entrar en la consulta con sus respectivos psicólogos, sus almas se sintieron atraídas y empezaron a engendrar una llama en su interior. Inés, debido a su experiencia anterior, era como una pared de hierro macizo por fuera: fría y dura, pero su alma se estremecía cada vez que el joven la rozaba.

La joven afirmó en silencio con la cabeza, dejando que el contacto de la mano de su amigo la envolviese en una atmósfera diferente a su habitual océano de terror. «¿Seré capaz de volver a amar algún día?», pensaba, lo que ella no sabia al menos en ese momento era que esta capacidad es involuntaria y su magia inmortal. Su amarga vida la había llevado a pasar por horribles circunstancias creyendo que su alma jamás sanaría, pero se equivocaba pues un extraordinario ser estaba apunto de entrar en su impenetrable corazón.

Tranquila —le susurró Lucas dulcemente al oído, antes de darle un cariñoso beso en la mejilla—. Es ella. —Señaló al interior de la jaula, justo donde se encontraba una oscuridad que tan solo dejaba entrever dos bolas brillantes, los ojos de Sombra.

 

La mirada de Inés y de la perra se encontraron, ambas de una profunda tristeza, pero en ellas hallaron la esperanza y el alivio que andaban buscando. La joven se vio reflejada en aquellos afligidos y tímidos ojos, llegando a creer que su alma y la de la perra compartían un mismo mundo interior. Ojos de una vida llena de penurias, que buscaban vislumbrar en cualquier indicio de luz su salida. Y allí estaba. La medicina que tanto tiempo andaba buscando vestía de negro y caminaba a cuatro patas. El corazón de la joven dio un vuelco.

¿Lucaz, ezta ez la perrita que decíaz? —dijo pegada a la verja Alma cambiando como solía hacer la ese por la zeta.

, cariño, es ella. Aunque no sabemos bien su pasado creemos por sus heridas y miedos que fue maltratada —dijo levantando tímidamente la mirada hacia Inés. Nunca había sentido aquella intensa emoción por nadie, pues normalmente prefería la soledad y rehuía el contacto con las personas. Pero ella… despertaba en él todo lo contrario y deseaba, aunque éste había sido siempre su mayor temor: besarla.—. Se llama Sombra y es mi amiga desde hace mucho tiempo.

La joven seguía observando casi sin parpadear a la oscuridad, como si en esa lúgubre aura pudiese hallar la sosegada superficie de su océano.

¿Puedo entrar? —preguntó Inés, dirigiendo una mirada entrecerrada a Lucas.

Claro. —El joven abrió la verja—. Es muy asustadiza. Ve con calma. Ella también lo ha pasado mal.

Inés asintió y cerró tras ella la puerta.

Después de unos minutos a solas en la sombra de tristeza en la que mujer y perra se ocultaban, Inés salió con una sonrisa dibujada en su pálido rostro. En sus brazos llevaba a Copo. El pequeño se sentía feliz de volver a estar entre los cálidos brazos de un humano.

¿Son madre e hijo? —preguntó Inés alzando la mirada directamente hacia Lucas, dejando entrever sus ojos llorosos.

El joven nunca había visto así de feliz y emocionada a su amiga.

Sí. Él acaba de ser devuelto por su antigua familia. Era… —buscaba la palabra adecuada en el interior de su cabeza, pero no encontraba ninguna, tan solo la que los propios dueños le habían dicho con odio— según decían agresivo.

Oh, mamá. Mira, el bebé quiere jugar —dijo la niña interrumpiendo a su madre. Alma se acercó al pequeño y éste lamió con ímpetu su cara dejándola completamente húmeda. Como si de una brocha en manos de un gran pintor se tratase el perro dibujo con su lengua una hermosa sonrisa de felicidad en su peculiar lienzo, el rostro de la pequeña.

Inés vio el brillo de los ojos de su hija y aunque, hacia mucho tiempo que sentía que en su vida todo estaba en penumbras, ese día aquella triste perra la volvió a iluminar.

Nos llevamos a los dos —dijo dirigiendo lentamente su mirada hacia aquel bulto ensombrecido del fondo y dejándose llevar por su corazón.

La mirada de Sombra volvió a iluminarse, sus ojos en la oscuridad se asemejaban a dos brillantes estrellas. No podía creérselo. «¿A ella también?»

¿ A loz doz? —preguntó asombrada la pequeña mirando a su irreconocible madre—. ¿Papá no se enfadará? —dijo con un ápice de temor en su voz.

Inés se agachó a su altura, con el cachorro aún en brazos.

No, cariño, ahora tenemos una nueva familia —dijo mientras Lucas acercó a Sombra hacia ellas. Ella miró a la perra y luego a su amigo, parecía quererle expresar algo más que aquella mirada silenciosa de complicidad, pero sus emociones se reflejaron en forma de dos ruborizadas mejillas.

Él dudoso se acercó a ella, hasta poder oler su respiración. El mundo parecía haberse detenido. Los latidos de su corazón le golpeaban con tal fuerza que traspasaron su cuerpo y atravesaron la coraza que cubría a Ines. Y fue entonces cuando ella sintiéndose aliviada le propinó un dulce beso de amor. Alma, sonrojada por aquella escena, tiró de la camiseta de Lucas pidiéndole que la cogiese. Éste la asió en sus brazos. Hubo un silencio entre ellos, tan solo comunicándose con sus vidriosas miradas. Desde ese día cinco inocentes almas salieron a la superficie de un oscuro mar para ver brillar la luz de un nuevo amanecer, unidas por el lazo más estrecho que jamás haya existido: la familia.

El camino de la vida no es fácil, pero si no pierdes la fe sabrás encontrar la salida.

FIN

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8 Comentarios

  1. ¡Qué relato tan conmovedor! Cada vez los haces mejores. La familia es la que te toca, pero puedes elegir con quién pasar el resto de tu vida. Esto me recuerda a una experiencia que tuve con mi perra. Yo tenía muchas ganas de tener un perro y por mi comunión mis padres me la regalaron. La vi tan pequeña y tan juguetona que me enamoró nada más verla. No volvimos a ver a su madre porque los dueños eran de otro pueblo. Total, que al cabo de los años se reencontraron madre e hija. Se olfatearon levemente. Entonces mi madre le dijo: “Lucy, ¿y mamá? Aqui está tu mamá”, y mi perra en ese momento agachó la cabeza y avanzó hacia mi madre moviendo el rabo. Estaba convencida de que su madre era la mía jajaja se había criado con ella.

    • Jajaaja que bonita tu perra XD normal para los míos su mami es la misma que la mía XD somos tetes XD gracias por contarme esta experiencia. A ver la del relato es inventada, pero sí que es cierto que desgraciadamente los perros negros lo tienen aun más difícil ¿por qué? pues no se hija, las personas somos racistas hasta con los perros, y si encima ya es adulta, aún peor. Pero, sí que tengo una experiencia, yo no lo vi pero me lo contaron: resulta que mi primera perrita adoptada Mel <3 viene de Andalucía, allí ahí muchos abandonos :(, y nos contaron que cuando separaron a ella y al resto de sus hermanitos de su mamá, y les metieron en una furgoneta, su mamá, que la utilizaban solo para la cría, siguió durante varios metros a la furgoneta 🙁 imagínate su desesperación y el dolor que debió de sentir la pobre 🙁

      No sé, si cada vez lo hago mejor, esa es mi intención pero no siempre lo consigo, y más cuando la escritura depende tanto de nuestro estado de animo 🙁 pero lo que pretendía con este relato es hacer reflexionar y hacer ver que no somos tan diferentes, Sombra e Inés eran dos almas gemelas, sí con distinto adn, pero eso que importa si lo único que trasciende al cielo es nuestra alma? No sé... quería que la gente se diese cuenta de los errores que los humanos cometemos, de lo egoístas que somos a veces mirando solo por nosotros mismos, y a la vez también quería crear esa ilusión y esperanza en el interior del lector. Y que se quede con ella y una sonrisa dibujada en su rostro. No sé si escribo mejor, solo deseo conseguir haceros soñar, reflexionar y haceros ver ese pequeña luz que a veces se esconde tras la oscuridad pero que siempre está para nosotros 🙂

      Gracias Elena por leerme siempre 😉 Espero tu blog eh!! ;P

    • Joo gracias Mari por leerme siempre 🙂 espero que algún día llegues a leer un libro mio, que el Dani me esta levando la delantera XD

  2. Algunas personas no tienen corazón, no se como se atreven a abandonarlos o a pegarles… ? pero bueno.
    Que decirte a ti (chica de los bostezos XD) muy bonito, sigue así !! ??

    • Sí, bueno y las que lo tienen a veces tienen un mal perder con su gato XD jajajajja Gracias por leértelo enana 🙂 Ah y la verdad suena hasta bonito eso de: “chica de los bostezos” me lo apunto para un relato eh 🙂

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