Reseña: Un tipo con suerte

Autor: Enrique Vidal

Obra: Un tipo con suerte

Género: Ficción espiritual / policíaca

Año publicación: 2017

Páginas: 149

RESEÑA

Tesoros reflejados en la historia sobre el autor:

Uno de los tesoros que más me han llamado la atención y que creo que es la marca especial del autor es su prosa tan poética y reflexiva que a parte de darle a la historia un hilo que te anima a continuar leyendo le ofrece una melodía especial que te hace amar cada frase, cada pensamiento del protagonista. Sinceramente no tengo el placer de conocer a Enrique pero, por su obra se ve que es un tipo a parte de con suerte XD gracias a ese hermoso don que Dios le ha otorgado para la literatura. También se refleja entre sus palabras una persona sensible, que empatiza con facilidad con el prójimo y sobre todo, muy observadora.

Sobre la obra:

Vagar por los recuerdos de uno mismo no siempre es fácil, y esto es lo que hace durante cuatro largos días de interrogatorio su protagonista, remover esas heridas de las que ha estado intentado escapar durante toda su vida, con tal de encontrar a un extraña mujer que se pasa la vida como él, escapando de si misma. Y tras este viaje no solo descubre con la ayuda de la Guardia Civil la identidad y el paradero de esa extraña mujer que parece pasar desapercibida pero que esta volviendo locos a los agentes por su capacidad de desaparecer sin dejar huella sino que el propio protagonista aprenderá a disfrutar de la vida sin tratar de huir, simplemente disfrutando de los placeres que esta te brinda, ya sea la música, los libros o la compañía de un niño. Un auténtico viaje espiritual que te muestra la complejidad de la mente humana y la sencillez de la felicidad.

Enseñanzas y valores:

Creo que una de las enseñanzas más características que nos ofrece esta obra es sobre todo a enfrentarnos a nuestros recuerdos, nuestro pasado y a no huir de los problemas, pues huyendo te obsesionas en ellos y los atraes con mayor facilidad.

Los problemas, las dificultades vienen cuando vienen, no podemos hacer nada por evitarlas, lo que sí que podemos hacer es enfrentarlas con la cabeza bien alta y aprender de ellas. Esto es lo que nos hace ser más fuertes y a la vez disfrutar de esos pequeños instantes entre problema y problema, ese instante que se hace llamar: felicidad.

Análisis de la narración:

Como bien he dicho anteriormente, la forma de crear hermosas frases con sentido, musicalidad y lírica en el mínimo de palabras posibles aporta calidad, profundidad y emoción a la obra. Su manera de intercalar esas profundas reflexiones con la trama de la historia hacen que dicha novela cobre mayor sentido y fuerza.

Opinión personal:

Este tipo de géneros no es el que suelo leer, pero me ha sorprendido lo atrapada que me ha tenido esta obra de principio a fin, no solo por descubrir que ocultaba esa extraña que se hacia llamar de mil formas distintas para ocultar su identidad, sino por la cantidad de reflexiones, pensamientos y enseñanzas que iba descubriendo gracias a la extraordinaria memoria y sensibilidad del protagonista.

Frases y reflexiones hermosas de la obra

“Siempre el mismo sol y la misma lluvia, porque sabemos que, incluso cuando más brilla el sol, hay humedad en el ambiente y que, cuando más llueve, el sol sigue ahí escondido detrás de las nubes, tímido, a la espera de que llegue su momento.”

“No te olvides de olvidarme.”

“Su vida era una batalla que sólo se libraba en su alma. El cuerpo no era sino una cárcel.”

“Todo es recuerdo, hasta la idea que en nuestra mente tenemos del futuro.”

“La lectura se había convertido en su ancla al puerto de la cordura.”

“No hay peores monstruos que los que viven dentro de uno mismo.”

“Mis certezas desayunan dudas.”

“¿Qué sabemos de las ambiciones del alma más que el hecho de que esta ambiciona hasta después de muerto el cuerpo?”

“Aún no había anochecido pero la ciudad parecía llevar ya un rato amodorrada entre las sábanas, acumulando los recuerdos de otro día gastado.”

“Tal vez, vivir sea esperar en una marquesina a que pase tu autobús soportando madrugadas heladoras y bochornos estivales. “

“La ansiedad y los miedos, que se dan la mano al amanecer, sirvieron de cuco para abrirle los ojos al tic—tac del mundo.”

“A veces, cuesta más bucear en unos recuerdos que en otros, en especial en los difíciles porque, por mucho que uno se lave, en las manos, siempre que acarician esos recuerdos queda algo de porquería.”

“A veces, las estrellas fugaces surcan calles y pueblan aceras, y entregan sus premios de la forma que menos se espera.”

Exclusiva: La magia del amor (Capítulo I)

Primera Parte

Llevo miles de años observando al ser humano desde mi celestial y armonioso hogar. Cada uno de ellos hechizados por las vicisitudes de la vida terrenal. Pero he creído conveniente atesorar esta historia que estoy a punto de contar. Quizás no sea la más entretenida ni la mejor narrada, pero sí, que os puedo asegurar, es la más hermosa. 

La historia de un amor ancestral, sin precedentes ni límites.

El mayor de todos los tiempos.

Arcángel Uriel

* * *

Capítulo I

 

            Todo empezó con mi primera misión a la tierra: mi primera vez en un cuerpo de hombre.  Recuerdo cómo incluso el suave aire que acariciaba mi nueva apariencia me hacía estremecer de temor. Era como estar desnudo en medio de un bosque invernal; expuesto a la lluvia, la nieve, el viento, y a toda clase de voraces depredadores que olían mi miedo. Esta sensación no apareció meramente por el hecho de haber dejado mi tranquilo hogar y encontrarme en medio de un mundo hostil; lo que me hizo sentir más desprotegido era la ausencia de una importante parte de mí: las alas. Con la espalda al descubierto notaba como la aprensión que el mundo terrenal albergaba, se introducía a través de esa fisura en mi ser.

            Empecé a caminar sobre esa extraña superficie férrea, con la única ayuda de mis extremidades inferiores. Mis pies subían y bajaban a mi orden, pero sus movimientos eran torpes e irregulares. «No puedo presentarme así, sospecharán», pensé. Así que me puse a practicar en medio de una arboleda de frondosos robles y altos pinos. Sentí por primera vez su fresco e intenso olor. En nuestra morada disfrutamos de experiencias impensables para la mente humana, pero sin duda, al otro lado del cielo gozaban de otras de indudable poder como el olfato. Me dejé llevar unos minutos por ese nuevo sentido que estaba experimentando, pero un rayo de luz se filtró entre las robustas ramas de los árboles, dándome la señal de continuar con mi cometido. Volví de nuevo la atención hacia mi andar: «¿Cómo podían los humanos moverse con tanta facilidad?», pensé. No me cupo la menor duda de que el lúgubre traje que llevaba puesto complicaba aún más el movimiento. Me sentía tan incómodo. «¡Oh señor, no llevo ni un minuto en la tierra y ya echo de menos mi hogar!», pensé dirigiendo mi mirada hacia su morada. Debí tardar media hora más en hacerme a mi nueva forma de desplazarme, pero ¿cómo conseguiría acostumbrarme a hablar?

            El reflejo de un petirrojo, iluminado por un intenso rayo de sol, llamó mi atención. Entonces otro sentido se despertó en mí: el oído. Su melodioso canto, aunque en cierta manera me recordó a las alabanzas de los serafines, penetró en mí para hechizarme de nuevo con una majestuosa obra divina. En ese momento, un sonido mucho más suave y conocido llegó a mí: el alma del animal me estaba hablando. «Es mi oportunidad», pensé. Carraspeé para calentar y dije con un grave tono de voz que me hizo estremecer—: Hola, pequeño —la pequeña ave me miró y al posarse sobre mi hombro, tuve la certeza de que me había entendido. En aquel momento sentí mi boca seca, entonces lo recordé, los humanos tienen unas necesidades básicas muy distintas a las nuestras. Levanté la vista, intentado vislumbrar algo que calmara mi sed. A doscientas aureolas de distancia, bajo un fuego crepuscular que custodiaba todo el paisaje con su brillo, yacía un pequeño riachuelo. Me acerqué con lentitud, aquella forma de transportarme me daba poca confianza y sentía a cada paso como todo mi cuerpo se tambaleaba, experimenté un miedo irracional de caer desde una altura insignificante para un ser que habita entre las nubes. Después de un costoso trayecto y llegar a mi objetivo, el reflejo de un cielo añil dibujado en el agua, abrigado por la presencia de sus dos grandes astros: el sol y la luna, me hizo olvidar mi feroz sed. «¿Cómo es posible que estén tan ciegos?», reflexioné pensando en la divinidad de todo lo que me rodeaba.

            Miré mi reluz, su esfera dorada aguardaba en su interior una aguja que me señalaba la Luz que albergaba en mi ser. En la tierra la Luz celestial es eclipsada por la incredulidad de los corazones y las almas puras se ven obligadas a subsistir y refugiarse en su propia sombra, a la espera de que algún rayo ilumine su camino. Por lo que si la aguja de mi reluz llegase a cero me quedaría atrapado para siempre en el mundo terrenal, convirtiendo mi existencia en una banalidad.  Afortunadamente la Luz seguía abrigando mi interior en todo su esplendor. Por vez primera desde que abandoné mi pacífica morada, noté como mi cuerpo se serenaba y mi mente navegaba en un mar en calma. Así que decidí, no hacer esperar más y ponerme en marcha.

            Benzú era un pequeño pueblo de Ceuta. La costa yacía a sus faldas, reflejando el firmamento en el mar convirtiendo a estas dos grandes creaciones en una. Y, lector, aunque te puedan parecer muy diferentes entre sí, todo nació del mismo Padre. Las montañas en cambio, parecían gigantes rocosos protegiendo los límites de aquel pintoresco lugar. La Guerra Santa no había hecho demasiados destrozos físicos en aquel retirado pueblo español, pero no todo había corrido la misma suerte. Una ola de odio y egolatría arrasó con los corazones más débiles, dejando en el más profundo sin sentido a unos y repudiados a otros. Después de quince años de guerra, las disputas entre religiosos habían alcanzado tal dimensión que difícilmente el hombre por si solo podría solucionar.

            Levanté la mirada hacia mi hogar; despejado y cálido a pesar de la partida del sol, típico de finales de la primavera. Los querubines, ángeles encargados del tiempo, los astros, las luminarias, etc. habían arropado y dado sus buenas noches a su custodio predilecto: el sol. Y animado a salir a la pequeña y tímida luna para alumbrar los sueños de todas las almas.

            Su sosegada luz invitaba a sentir el delicado susurro de las almas. Esta tranquilidad me hacía sentir más cerca de casa, dejé mis pensamientos en blanco y pude escuchar los suyos. «Pues claro, sigo siendo un ángel», recordé al cabo de experimentar un episodio de confusión y debilidad. Cerré los ojos y me dejé llevar. Al segundo me volví a sentir yo mismo, el aire acariciaba todas las partes de mi diáfano cuerpo, ya no percibía el rígido suelo bajo mis pies. Abrí las dos esferas que me permitían gozar del sentido de la vista en la tierra y me descubrí flotando sobre ese disfraz de apariencia humana que Él había creado para mí. Me desplacé a través del viento, pero el cuerpo no me seguía. «¿Quizás con un poco de práctica?», pero escuché de nuevo sus pensamientos; estaban preocupados, me esperaban, no podía perder más tiempo. «Ahora no es el momento». Decidí llevar a cabo mi misión.

 

            A las afueras, bajo unas imponentes montañas, ajenos a un mundo bélico, una joven pareja, apresada por el único lazo del amor, sintió por primera vez el contacto de sus manos sin temor a ser hallados. Hasta el momento habían mantenido en secreto su romance, pero algo tan grande no podía ocultarse por mucho tiempo. Su fuerza rugía con tal intensidad que todas las almas puras que se encontraban a su alrededor podían percibir sus vibraciones. Ésta sería su oportunidad, las cadenas estaban a punto de abrirse para dejar paso a una bestia que abrasaría con su cólera la injusticia.

            Amel, una hermosa joven con tez de muñeca de porcelana, se hallaba espléndida cubierta con un sencillo vestido de algodón blanco; decorado con una simple pero elegante cinta rosada que envolvía con suma delicadeza la esbelta cintura de la muchacha. Junto a ella se encontraba Aladiah su ángel y fiel compañero. Jamás la dejaba sola. Ella lo era todo para él, su alma le pertenecía y debía hacer lo posible por salvarla de las afiladas garras de un mundo cada vez más salvaje. Aunque, a pesar de su custodia, la vida de la joven no había sido ningún camino de rosas. «Así es la vida», pensaba ella. Nunca se dio por vencida. Era fuerte y, aunque todo el mundo la tenía por débil, ella no dejaba que ese adjetivo la representase lo más mínimo. Totalmente autosuficiente, a su parecer, «inocente criatura, tiene mucho que aprender de la vida», pensé. Pues ni siquiera nosotros podemos gozar de la plena autonomía, requerimos de Su presencia y Luz para sobrevivir, y los humanos son seres más frágiles y, por ende, más dependientes. A pesar de la arrogancia que atisbaba en una pequeña parte de su ser, era una joven muy abnegada y entregada a los demás. Su espíritu soñador bebía de la única fuente que le saciaba: su sueño. Un deseo que sin ella saberlo la llevaría al límite de sus fuerzas, hasta ahogar el latido de su débil corazón.

            La pareja iluminada por la luz de la luna se encontraba junto la vivienda donde Amel había crecido y alimentado su alma. Una casa de dos pisos recubierta de tejas ajadas por el paso del tiempo y en su cúspide, a modo de sombrero, un tejado rojizo custodiaba todos los recuerdos que habitaban en su interior. Un pequeño gallinero y un corral acompañaban a esta solitaria estancia envuelta por frondosos árboles y brezos que le otorgaban una atmósfera peculiar: libre de prejuicios y hostilidad. La joven Amel había crecido muy feliz en aquel remoto claro del bosque, lejos del odio que reverberaba en los ojos de la gente. Pero su vida pueril y despreocupada estaba a punto de cambiar. Dirigió su profunda mirada dubitativa hacia la de su amado y lo que en ella halló, corroboró sus dudas. Ante ella, vio unos enormes ojos castaños que reflejaban inseguridad y miedo. «¿Estamos haciendo lo correcto?», se preguntaban ambos para sus adentros.

            Un vago recuerdo pasó por la mente de Isà: la primera vez que sus miradas se unieron en una. La suya, apagada y perdida en un profundo océano de aguas enturbiadas y la de aquella Amel de dieciocho años, llena de esperanza y un brillo que ensalzaba su luz. Era ella, estaba seguro, no podía ser ninguna otra. Solo ella había conseguido levantar a un agotado Isà de los escombros que dejaba la guerra y darle una esperanza a la que aferrarse.

            Las actuales leyes estatales no les permitían estar juntos. Si ella, hija de padres cristianos y educada en dicha fe, hubiese accedido a abrazar su religión, el islam, todo habría sido más fácil. Pero un persistente sentimiento, que ardía bajo su pecho cada vez que este pensamiento afloraba en la mente, impedía que Amel tomase dicha decisión. «¿Pero, por qué? Todo sería más sencillo de esta forma», pensaba con impotencia.

            —¿Tus padres… no han querido…? —preguntó dolorida Amel, incapaz de acabar su frase.

            —No. —Negó apesadumbrado con la cabeza Isà— Pero no te preocupes, —le cogió de las manos—  un día te verán a través de mis ojos y no podrán evitar amarte.

            Ella asintió bajando lentamente su afligida mirada hacia el suelo.

            Quizás la época y el lugar en el que se conocieron no eran los adecuados, pero aun así ellos habían luchado por su amor y allí se encontraban, dispuestos a dar una importante lección de valor y amor a su pueblo. Sobre un improvisado altar hecho con palés y envuelto en una delicada tela madreperla, que daba la sensación de estar en el interior de una enorme concha bajo el único influjo de la pasión.

            Amel retiró un segundo su mirada de Isà, y la dirigió a la persona más importante que había conocido desde que tenía uso de razón: su padre. Sentado frente a ellos, acompañado únicamente de su fiel amigo Pastor, su perro de raza pastor ovejero australiano que iba con él a todas partes; ayudante a la hora de cuidar el rebaño y amigo en los largos días de invierno. Ellos y ahora Isà, eran su única familia. A pesar de la distancia, que aún me separaba de ellos, pude sentir como el corazón de la joven se oprimía al pensar en la soledad que a partir de ese momento abrigaría a su padre. Y sin emitir ningún sonido, sus finos labios pueriles se abrieron para articular un “te quiero” acompañado por un soplo cargado de amor.

            Los jóvenes se estaban empezando a impacientar. No sabían aún quién era aquella persona que había aceptado este cometido, aun y sabiendo las consecuencias. Fue el alma de Aisha, la madre de Isà, quien me hizo llamar. Y aunque ella no se encontraba en la ceremonia, su ángel si lo estaría. «¿Y si se ha echado atrás a última hora?», escuché que pensaban. Pero claro, ellos no se podían hacer una idea de lo cautivador que era este lugar para mí al sentir por primera vez el aroma de la naturaleza y ver a través de un humano la belleza de la creación. Tampoco ha sido nada fácil controlar mi cuerpo y avanzar transportando todo mi peso.  Pero allí estaban.

            —Ya llega —dijo Pablo suspirando relajado al verme venir.

            Amel relajó en segundos todas las facciones de su rostro, para que éste volviese a verse brillar de felicidad. «Ya está, tranquila, estás junto al amor de tu vida, nada podrá ir mal a su lado», pensaba Amel mirando a su futuro esposo.

            —Les ruego que disculpen mi tardanza. Me he… —pensé buscando una excusa— perdido entre el bosque y no encontraba la localización. —Me exculpé algo incómodo con mi nueva forma de hablar, tampoco controlaba muy bien qué expresión y tono se debía utilizar en estas situaciones. «Qué complejo es el lenguaje de los hombres. Con lo sencillo que es comunicarse a través de las emociones, éstas seguro que no admitirían margen de error», pensé.

            La pareja se miró tímidamente, intercambiando recelosos pensamientos y, finalmente, ambos aceptaron mis disculpas.

            —Estamos reunidos en este recóndito plano del bosque —las palabras empezaron a brotar de mi boca como si estuviese dotado de una divina inspiración— para unir en matrimonio bajo los ojos de Dios, a dos jóvenes que decidieron emprender juntos un camino lleno de obstáculos que, lejos de separarlos, fortalecerá su unión. 

            Noté los ojos de Pablo clavados en su hija, era lo único que le quedaba en este mundo, y de algún modo sentía que hoy se la iban a arrebatar. Por eso, y a pesar de la inmensa felicidad que le hacía el verla tan dichosa, en su interior se estaba llevando a cabo una batalla de emociones contrarias.

            —Bien, queridos humanos —ambos me miraron extrañados ante mi forma de dirigirme a ellos. Entonces me di cuenta de que el término “humanos” tratándose de que yo también era uno de ellos, sonaba extraño— hijos, —rectifiqué—  cuando os plazca podéis empezar a recitar vuestros votos matrimoniales e intercambiaros las arras. —Elevé los brazos sin saber bien por qué animando a la pareja a iniciar la ceremonia.

            Isà después de escuchar mis palabras, intentó en dos ocasiones pronunciar la primera sílaba de su voto, pero de su esfuerzo tan solo se pudo oír un agudo sonido ininteligible. Vi como su ángel de la guarda, Haziel, dejaba entrever una cómplice sonrisa y lo envolvía con sus colosales alas, para tratar de equilibrar sus emociones y calmarlo.

            El joven había soñado tantas veces con este momento que cuando lo pudo acariciar se paralizó. Amel sería por fin suya. Aquella chica con andares ágiles, que día tras día veía pasar ante su mezquita, iluminada por un sol que parecía nacer de su interior, por fin sería su esposa, o al menos para él así sería. Aunque su comunidad no la aceptara, la amaba y no podía, ya no, vivir sin ella.

            —Yo Isà Abdullah te quiero a ti Amel Luna como esposo, y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

            —Yo Amel Luna te quiero a ti Isà Abdullah como esposa, y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

            Ambos se quedaron mirando fijamente y de esta mágica conexión, que se da en contadas veces entre hombre y mujer, nacieron unas chispas que danzaron a su alrededor hasta crear un áurea luminosa que los envolvió.

            —Por el don que Dios me ha otorgado, desde hoy y para siempre, os declaro marido y mujer. Isà puedes besar a la novia.

            La recién unida pareja se refugió en el interior de aquel cuarzo rosa diáfano que su amor había creado. Inmersos en un mundo en el que ellos eran los protagonistas, se besaron. Se sentían libres. La sociedad seguiría en su contra, pero juntos serían capaces de enfrentarse a todo tipo de vicisitudes que la vida les deparará. Y mientras Amel seguía besando a su ahora esposo un pensamiento muy fuerte creció en su mente, esta ceremonia, oficial o no, había abierto el grifo de su fuente. Lo que provocó, sin que ninguno de los dos se percatara, que una nueva chispa, esta vez, albina y muy brillante naciese de ese halo rosáceo que les mantenía unidos. Se posase justo en el punto en el que sus pechos se unían y finalmente, ascendiese hacia el cielo dibujando tras de sí una estela, un camino que un día un alma recorrería, si Dios así lo deseaba, hacia sus progenitores. Los ángeles y yo, éramos los únicos que podíamos admirar con gran orgullo el espectáculo, pues tras esta señal llena de significado, cobraba vida un sueño.

            —Amor mío, hoy es el segundo día más feliz de mi vida —dijo Amel con una mirada profunda y centelleante, que dejaba entrever toda la ilusión y la fuerza que aguardaba en su interior.

            —¿Y cuál fue el primero? —La miró Isá expectante.

            —Cuando llegue el día lo sabrás. —Sonrió con una mirada enigmática.

            Isà entrecerró sus ojos intentando, en vano, leer sus pensamientos y, finalmente, ambos se sonrieron con complicidad.

 

            Con el tiempo supe que ese día tan especial, que mencionó Amel, estaba estrechamente relacionado con el principal motivo de mi misión.

 

¿Te has quedado con ganas de saber cuál es ese día tan especial para Amel y por que el Creador ha mandado un arcángel para ayudar a cumplir su sueño? Entra aquí y sigue disfrutando de esta maravillosa historia de amor. Ya disponible en formato papel y a partir del 13 de junio en ebook 🙂

 

 

Reseña: La princesa prometida

Autor: William Goldman

Obra: La princesa prometida

Género: Ficción fantástica y amor romántico.

Editorial: Perseo (digital)

Año publicación: 1973

Páginas: 480

 

RESEÑA

Sobre el autor:

William goldman, nació nació el 12 de agosto de 1931. Ademas de escritor, este novelista es, además, el guionista de importantes películas como Misery (adaptación de la novela de Stephen King).

Goldman normalmente escribe con uno de sus dos seudónimos, y en el caso de la princesa prometida es el de: Simon Morguestern que junto con el verdadero Goldman, son algunos de los protagonistas de esta novela.

El autor de una forma velada deja entrever su desencanto en relación con la injusticias del mundo.

Sobre la obra:

La princesa prometida es un libro que nos permite vivir muchas y muy variadas tramas, ubicadas en diferentes épocas de la historia.

El personaje que narra la historia es Billy, un novelista al que el paso del tiempo le ha ido robando el ingenio de su juventud, que cree no ser capaz de volver a escribir una obra de cero. Por eso decide reeditar, el libro que su padre le leía de niño: La princesa prometida de Morgestern. El narrador nos deja en distintos capítulos de la historia algunas de sus propias reflexiones y apuntes, y ademas nos invita a conocer al verdadero William que se esconde tras el personaje. Haciendo alusión a algunas de las películas en las que fue guionista, a la amistad con Stephen King, etc.

La trama del libro de Morgestern que Billy está reeditando nos invita a adentrarnos en una fantástica aventura en la que todo tiene cabida, incluso: resucitar de la muerte. Y que, entre otra muchas cosas, nos muestra el sentimiento más importante que se oculta en nuestros corazones: el amor verdadero, de la mano de Buttercup y Westley que, acompañados por  dos simpáticos y característicos personajes aportaran a la historia una gran dosis de valor, lealtad y humor.

Enseñanzas y valores:

La obra hace alusión a diversos temas de la vida muy comunes y a la vez complejos como la muerte, el sufrimiento, el amor, el valor y la venganza. Estas son mis propias reflexiones de dichas enseñanzas, extraídas de esta hermosa lectura:

  • La muerte no es el fin.
  • El sufrimiento o el dolor se encuentran en nuestra mente, por lo que uno puede, si lo desea, esquivarlo.
  • Existe el amor verdadero y vale la pena esperar, luchar y morir por él.
  • El valor es un agente externo, como un ente individual e invisible, que nos invade cuando menos lo esperamos y más lo necesitamos.
  • Si dejamos que la venganza sea quien nos guíe, no alcanzaremos lo deseado.

Análisis de la narración:

Creo sinceramente que Goldman es un artista de la palabra escrita. Un escritor que sabe cómo utilizar su ingenio e imaginación y transportarlos de la manera más compleja posible al papel. Una complejidad que no dificulta su lectura, al contrario la magnifica y le da mayor sentido. 

Opinión personal:

Me ha encantado. Mientras la leía, yo misma llegué a dudar de la existencia del propio Morguestern y de Florin su supuesto pueblo natal y lugar donde transcurre el relato de la princesa prometida. Me ha sumergido en el mundo ficticio de su mente, consiguiendo ver y sentir justo lo que él pretendía.

Frases hermosas de la obra

“Como desees”

“Todos somos guionistas de nuestros propios sueños”

“Bill, la vida no es justa. Les decimos a nuestros hijos que sí lo es, pero eso es una barbaridad. No sólo es una mentira sino que es una mentira cruel. La vida no es justa, nunca lo ha sido y nunca lo será”

La mujer  que salió de esa misma alcoba era un poco más delgada, mucho más sabia, e infinitamente más triste. Ésta comprendía la naturaleza del dolor, y debajo de la gloria de sus facciones se entreveían el carácter y la sabiduría que otorga el sufrimiento “